
El
siglo pasado fue un tiempo de importantes descubrimientos y adelantos tecnológicos. En el plano de la comunicación, la aparición de nuevas herramientas (radio, televisor y ordenador) y técnicas cambiaron el modo de informar.
El papel no murió con la radio. La radio tampoco murió con el televisor. Ahora la disyuntiva es qué pasará con Internet.
¿Morirán los periódicos? ¿Se acabará la radio? ¿Desaparecerá la TV?
Primero que todo es necesario distinguir que Internet, a diferencia de lo que fue -en su tiempo- el televisor a la radio o la radio al papel, no es un nuevo soporte, es decir, algo que haga las cosas de otra manera (sé que esto es muy discutible, pero me voy a la generalidad). Más bien es un nuevo canal capaz de incorporar las ventajas de todos los anteriores: periódico, radio y televisión.
Internet es un canal mejor, superior al papel, al equipo de radio y a la antena del televisor.
Entonces,
Internet no viene a matar a nadie, pero sí a reemplazar. El paso de los años lo demuestra (y lo demostrará). La masificación de la tecnología por la
Ley de Moore y la pelea contra la
brecha digital son cuestiones de tiempo. Los medios convergen.
Los diarios, la radio y la TV se transmitirán vía IP. Toda comunicación será realizada a través de chips.
¡Qué suerte ser un comunicador a principios de este siglo! Qué grandes desafíos nos esperan. Ahora más que nunca todas
las empresas necesitan de virtuosos comunicadores, porque los negocios se cerrarán en gran parte por la red.
Es el siglo de la comunicación. El tiempo en el que el mundo romperá definitivamente con las fronteras. Sí ahora
es cosa de animarse y empezar a comunicar. Casi no hay barreras de entrada, sólo faltan ganas. El único "pero" de todo esto, hasta ahora, es la "polución informativa" que esta facilidad de comunicar genera. Sin embargo, la mejora y alta competencia que existe entre buscadores (
Hakia,
Mahalo,
Ask,
Mamma,
Live,
Yahoo!,
Google, etc.) podrá sanar este problema.
Optimismo para todos los comunicadores y un llamado a no quedarse de brazos cruzados en este mundo lleno de oportunidades. Publicidad, marketing, ¡opinión pública! Ya le hubiese gustado a
Walter Lippman y a tantos otros tener las herramientas que hoy nosotros tenemos.
Ya es hora de mirar el vaso medio lleno. Aunque cueste. Nada de lo que realmente vale, llega como regalo del cielo.
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